Es más que un juego; es una actitud infantil que, en su inmensa inocencia, está llena de ironía. Fuera de algunas fechas patrias, los mástiles de la plaza San Martín permanecen desnudos. Pero los chicos se las ingenian para vestirlos. Como si cumplieran el anhelo escolar de izar la bandera, les colocaron bolsas que, al llegar a lo alto, remedan a los estandartes tristemente ausentes.